Ya se ha hecho público entre diversos sectores de la población el calvario -otro más- que padecen los mexicanos que deciden viajar, por los motivos que sean, a España. A las altanerías de la Policía Nacional encargada de atender el filtro migratorio en los aeropuertos españoles se suma un listado de requisitos prácticamente insalvable por nuestros sufridos connacionales, solicitados además con la falta de amabilidad de la burocracia ibera, heredado cabalmente por los burócratas mexicanos.
Las causas pueden ser muchas. ¿La crisis?, bueno, eso más que causa suena a pretexto. El flujo de mexicanos a España como destino final o como puerta de entrada de la Unión Europea todos sabemos que no es porcentual ni numéricamente significativo; si estuviésemos hablando de ecuatorianos o colombianos, que han llegado a Europa en los vuelos de Iberia por decenas de miles, me creería que su presencia allá impacta significativamente en la ofera de empleo, los servicios públicos, la salud, etc., pero, ¿los mexicanos?…
Lo que me temo que está sucediendo es que precisamente la crisis ha radicalizado a los gobiernos europeos de derecha -y el de España es de los más “a la derecha de la derecha europea”- y los ha llevado a desenterrar viejas costumbres racistas y xenófobas que parecían olvidadas en los años del “Estado de Bienestar”. Negar los servicios de salud a los inmigrantes, practicar expulsiones masivas, perseguir a determinadas etnias, no importa que estén asentadas desde hace cientos de años en Europa, parece ser el nuevo decálogo de la derecha europea.
La ola derechista que invade a los países de la Unión Europea -excepto Francia, claro, los más pensantes, inteligentes y sabios- roza los límites permisibles en todo Estado de derecho. Ahora bien, en el caso de España con los mexicanos me parece imperdonable: el gobierno de Rajoy sin un asomo de memoria histórica, ni siquiera es capaz de recordar cómo esta tierra fue refugio y hogar de miles y miles de españoles que tuvieron que huir de la barbarie franquista y que, en altísimo porcentaje, con su intelecto, su trabajo y su gratitud, contribuyeron en su tiempo al desarrollo del país. Por eso duele más: Que te den con la puerta en las narices ingleses, italianos o luxemburgeses puede pasar, pero ¿que lo hagan los españoles que en materia de migración tienen una deuda sentimentalmente impagable con México….?.
Hace unos días leí en un medio que España ha rechazado en lo que va de este año a más mexicanos que nuestro país a españoles en proporción de ¡98% más!. Y eso que hoy por hoy el flujo de españoles que viene a México huyendo de la falta de empleo y oportunidades y buscándolos aquí, ha crecido exponencialmente.
Mientras tanto, el gobierno de Felipe Calderón, el más tímido, indeciso y desorientado en materia de política exterior que recuerdo, no ha sido capaz de protestar con determinación y energía ante el gobierno de Rajoy; al contrario, con razón o sin ella, se apresuró a ponerse de tapete del mandatario español en sus críticas a Cristina Kirschner por la expropiación de Repsol. Y conste que no digo que lo que hizo la aspirante a Evita estuviese acertado, pero, ¿por qué toma partido Calderón tan precipitada y obsequiosamente?.
Por ello, y aunque parezca un sacrilegio, prefiero la “anti-diplomacia” directa de Vicente Fox y sus ya famosas actitudes: “Cenas y te vas” a Fidel Castro cuando la cumbre de Monterrey y “en esta ocasión no vamos con ustedes” a George Bush, cuando no participó México en las torpes invasiones de Irak y Afganistan.
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