La encuesta publicada por el periódico Reforma el pasado jueves 31 de mayo, en la cual se ubica a Enrique Peña Nieto con una ventaja de sólo 4 puntos porcentuales respecto de su más cercano oponente, Andrés Manuel López Obrador, ha suscitado un intenso debate en torno a la validez y calidad del trabajo que llevan a cabo las empresas especializadas en estudios demoscópicos.
Ese mismo día, en el noticiero nocturno de Milenio Televisión, Ciro Gómez Leyva planteó un comparativo entre los resultados del “tracking” diario que lleva a cabo esa empresa de medios, con los resultados publicados por Reforma. Para rematar el comparativo, Gómez Leyva sentenció: “el 1º de julio se verá quién hizo bien su trabajo y quién no”.
Independientemente de la confrontación directa que asumió Milenio con el Reforma, lo interesante del caso es: ¿cómo explicar las diferencias entre los resultados que presentan las casas encuestadoras? ¿Cómo se entiende el hecho de que todas argumentan que utilizan metodologías científicas y que todas arrojen al mismo tiempo distintos resultados?
Para tratar de explicar lo anterior retomo una vez más el ejercicio que hace Roy Campos en torno a siete encuestas publicadas en medios nacionales, incluida la que levanta Consulta Mitofsky. Las otras seis son las de Excélsior, Organización Editorial Mexicana, Reforma, Milenio, el Universal y UNO TV.
El promedio de “Preferencia efectiva” calculado es el siguiente: Peña Nieto 42.1%; López Obrador: 28.8%; Josefina Vázquez Mota 24.5%; Gabriel Quadri: 3.6%.
Todas las encuestas reportan un margen de error de más o menos 3 puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%. ¿Qué significa esto? Pues lo que ese reporte nos dice es que si hiciéramos 100 encuestas, en 95 de ellas el resultado obtenido por los candidatos se debería ubicar en un rango que va del valor reportado más tres puntos y menos tres puntos.
Por ejemplo, si en la encuesta de Mitofsky, Peña Nieto obtiene un 44.9%, esto significa que si se llevaran a cabo 100 levantamientos, en 95 de ellos se obtendría un resultado que iría del 41.9% al 47.9%. En el caso de López Obrador, para quien Mitofsky estima un 24.7%, de 100 levantamientos, existiría una probabilidad del 95% de que el resultado se ubicara entre 21.7% y 27.7%. Lo mismo para Josefina Vázquez Mota, cuyo margen estaría entre 22.7% y 28.7%.
Como puede verse, con las metodologías más rigurosas, los márgenes posibles de los resultados son muy amplios. Ahora bien, si se consideran todas las encuestas analizadas, la única que se sale de estos “márgenes” es la de Reforma.
Veamos. Si se toma de manera aislada la encuesta del Reforma, el resultado para Peña Nieto es de 38%; para López Obrador es de 34% y para Josefina Vázquez Mota es de 23%, todos resultados muy lejanos del promedio obtenido al agrupar los resultados de todas las encuestas y, por lo tanto, a los márgenes que se podrían esperar, como ya se dijo, sumando y restando los tres puntos porcentuales del margen de error considerado al diseñar la muestra.
Aquí vale la pena hacer un alto. Todos los encuestadores coindicen en que lo que debe reportarse es la mencionada “preferencia efectiva”, la cual se estima “eliminando” del cálculo a los llamados “indecisos”. Y aquí es donde entran los detalles, pues no queda claro en las vitrinas metodológicas cuál es la diferencia entre quienes no quisieron decirle al encuestador por quién van a votar, y entre quienes manifiestan que todavía no deciden su voto.
La diferencia es muy importante porque la “no respuesta” debe analizarse por separado. Lo que se hace regularmente es distribuirla proporcionalmente entre los candidatos, pues se asume que en grandes números, siempre hay una tendencia a una distribución normal de los mismos.
Lo que llama la atención es que en las encuestas reportadas los márgenes de la no respuesta también son muy altos. La que menor porcentaje reporta en ese sentido es la de El Universal, con un 13.7%; le sigue Excélsior con un 14.3%; en tercer sitio está UNO TV, con un 15%; en cuarto sitio estaría Milenio, con un 18.3%; OEM, con un 19%; Mitofsky, con un 20.7% y finalmente la de Reforma, que se sale de todos los parámetros con un 24%.
Estos son los datos. Aun con ello sigue en pie la pregunta, ¿por qué una encuesta como la de Reforma puede tener resultados tan distintos? Y en esta cuestión sólo caben dos posibilidades. La primera está relacionada con la ya mencionada teoría de las probabilidades.
Se dijo líneas arriba que si se levantaran 100 encuestas, en el 95% de los casos se tendrían parámetros en intervalos de confianza de más o menos 3 puntos porcentuales. Si esto es así, podría ocurrir que la encuesta del Reforma estuviese en el 5% que no cae dentro de tales intervalos.
¿Algo así significaría que la encuesta es errónea? No necesariamente. Lo que significaría es que sólo con una probabilidad del 5% podría afirmarse que el verdadero parámetro a estimar se ubicaría en los márgenes establecidos por el Reforma.
La otra posibilidad es que la elevada tasa de no respuesta de la encuesta del Reforma esté influyendo en el margen de error establecido. Es decir, si uno de cada cuatro entrevistados no quiso responder la encuesta, entonces es probable que el intervalo de confianza real no sea de +- 3 puntos porcentuales. En tal caso, el problema no sería de diseño muestral, sino de interpretación de los resultados.
La cuestión se ve de mejor manera si se consideran los números absolutos, es decir, el número de votantes que significa cada punto porcentual. El pasado 13 de mayo publiqué en La Crónica un artículo en el que construí una estimación de los votos que en esa fecha tendría cada candidato. Ahí sostenía que, según los datos del IFE, la Lista Nominal de Electores está compuesta por 79 millones 458 mil 735 ciudadanas, por lo que una votación aproximada del 60% implicaría una masa de 49 millones, 661 mil, 709 votantes.
En ese escenario, a la primera semana de junio, Peña Nieto tendría según el promedio de todas las encuestas 21.4 millones de votos; según la estimación del Reforma la votación para Peña Nieto sería de 18.87 millones de votos. Para Andrés Manuel López Obrador la votación, según el promedio de las encuestas publicadas, sería de 14.3 millones; por el contrario, en la Encuesta de Reforma sería de 16.88 millones. Para Josefina Vázquez Mota, instalada ya en el tercer lugar, la votación sería en el promedio general de 12.16 millones, mientras que en el resultado del Reforma obtendría 11.42 millones de sufragios.
En la estimación del 13 de mayo, calculé basándome en el promedio de todas las encuestas, una votación de 22.8 millones de votos para Peña Nieto; de 13.2 millones de votos para Vázquez Mota y de 11.96 millones para López Obrador.
Considerando que en las campañas no han sucedido eventos realmente relevantes que pudieran explicar cambios tan dramáticos en la intención del voto de millones de ciudadanos, lo que parece más razonable es tomar como referencia al conjunto de las encuestas, y no una en particular, la cual, como se muestra en este texto, tendría muy pocas probabilidades, en estricto sentido estadístico, de haber estimado el parámetro real de lo que está pensando la población.
Por vía de mientras, con base en los datos disponibles, se confirma mi pronóstico previo, el cual sostengo: Josefina y el PAN serán desplazados al tercer lugar, y por la masa de votos que están en juego, se ve muy difícil que López Obrador pueda alcanzar a Peña Nieto.
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