TERRITORIO CON IDEAS

No importa el Género, importa la Calidad

Probablemente la presentación más exitosa –por su taquilla, por asistencia, por entusiasmo del público, por originalidad, por presencia joven- en la breve existencia del Teatro del Bicentenario ha sido la de John Malkovich con su monólogo-concierto La Comedia Infernal.

La globalización de la información, mundo en el que felizmente vivimos, sin duda contribuyó a que la presencia de Malkovich despertara tal interés y bueno, como la información global es precisamente patrimonio de los jóvenes y, en general, de las mentes abiertas de cualquier edad, la inmensa mayoría del público sabía a qué iba, quién era el protagonista y qué se podía esperar de la obra. Así, cuando las espectativas se cumplieron, todos contentos.

La Comedia Infernal es una obra harto original, con música  muy bien interpretada por la camerata de la Wiener Akademie y con arias perfectamente escogidas e interpretadas, en un pastiche además, que se caracterizó por el respeto a las letras originales, no como en La Isla Encantada del Met, que vimos en enero en el Mateo Herrera, donde destrozaron las bellísimas letras de las óperas de Handel, al servicio del nuevo  argumento.

Al final, el entusiasmo del público y la calidad de interpretación dieron la razón con contudencia a quien sea que se le haya ocurrido abrir las puertas del Bicentenario a eventos de esta calidad. De “clase mundial” dicen los postmodernos.

John Malkovich es el actor que más puede presumir de haber sido dirigido por los mejores cineastas de su tiempo: Encabezan la lista los míticos Michelangelo Antonioni y Wim Wenders (Más allá de las Nubes). También lo han dirigido Woody Allen (Sombras y Niebla), Bernardo Bertolucci (El Cielo Protector), los hermanos Coen (Quémese después de Leerse), Stephen Frears (Relaciones Peligrosas y Mary Reilly, con Julia Roberts), Liliana Cavani (el remake de El Amigo Americano).

Jane Campion, la triunfadora en Cannes con El Piano, lo dirigió en la adaptación de una obra maestra de Henry James, Retrato de una Dama y el gran Manoel de Oliveira, realizador portugués de un puñado de obras maestras que a sus 104 años sigue dirigiendo, lo hizo en El Convento y luego en Volviendo a Casa y Retrato Hablado.

Por su parte, Wolfgang Petersen, autor de una pieza maestra en 1981, El Submarino (Das Boot), lo dirigió en una cinta sin duda comercial, pero de gran calidad, En la Linea de Fuego, con Clint Eastwood; y Volker Scholondorff, ganador en su día de la Palma de Oro en Cannes por la inolvidable El Tambor de Hojalata, lo tuvo como protagonista de Der Unhold, controvertido drama –según las críticas- sobre el nazismo y en Muerte de un Viajante, basada en el drama del mismo nombre de Arthur Miller y en la que nuestro personaje sostuvo un singular y memorable tour de force con Dustin Hoffmann.

Raoul Ruiz, un cineasta chileno exilado en París que se convirtió con los años en un autor de culto, lo dirigió en al menos tres ocasiones y Luc Besson, Roland Joffé, Mike Figgis, Clint Eastwood y Steven Spielberg también atestiguaron su enorme calidad y genio actoral.

¿Existe algún actor vivo con ese historial? Dificilmente lo encontraríamos. Es más, en la historia reciente de la cinematografía, probablemente solo la legendaria figura de Marcello Mastroianni lo superaría.

Ahora bien, díganme ustedes amigas y amigos lectores si con esta información podríamos resistirnos a asistir a La Comedia Infernal en el Bicentenario que debe ser justamente eso: recinto de las expresiones artísticas de calidad y foro incluyente de la diversidad cultural.

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