*Información publicada por el periódico a.m. y firmada por Redacción/ Mayra Córdova Sánchez/Francisco Horta/Julio Salas
Mitzi fue desde niña una persona llena alegría y principios, mismos que la llevaron a tomar grandes decisiones: una de ellas saltar del taxi en el que se trasladaba a su hogar para evitar ser víctima de una violación.
Su integridad como mujer fue siempre una virtud que cuidó a capa y espada, por lo que sus familiares la recuerdan orgullosos de saber que hasta el último día de su vida hizo lo que creyó correcto.
Fue el 22 de mayo de 1987 en León, Guanajuato que sus papás José Luis Ruiz Garnica y Lourdes Mayela Delgado de la Peña la recibieron entre sus brazos, convirtiéndose en la hermana de Lourdes Mayela y María José Ruiz Delgado.
Mitzi fue estudiante hasta bachillerato del Instituto América, lugar en el que desde entonces ganó popularidad por ser una joven sociable, alegre, justa y dispuesta a luchar por sus sueños.
Sus valores y principios fueron enseñanzas que también heredó de sus abuelitos Luis Ruiz Ajo (f), Magdalena Garnica Tamayo y Mercedes de la Peña Vázquez (f).
Mitzi egresó de la licenciatura de Capital Humano en la Universidad De La Salle Bajío y de inmediato obtuvo experiencia en varios trabajos hasta el último en el Instituto Mexicano de Ortodoncia, en el que llevaba cuatro meses laborando.
Ella fue siempre una chica de carácter noble y defensora de los derechos propios y de los demás, platicadora y entusiasta, llena de sueños y planes que se truncaron a su corta edad.
Las cosas más simples y cotidianas eras las que le gustaban, disfrutaba por igual leer, escribir, comer en familia e ir a misa; cocinar, pasear por las plazas del Centro y tomar una nieve, caminar por la playa, sentir en sus pies la arena del mar.
Con las amigas le gustaba ir al cine, tomar café, nadar en el club y convivir con los hijos de algunas de ellas, pues también tenía el deseo de convertirse en mamá y formar su propia familia.
Muchas personas importantes hubo en su paso por esta vida y una de ellas fue su tío, el sacerdote fray Ángel Ruiz, de la congregación Siervos de María, quien vino desde Italia para despedirla.
A pesar que sus seres queridos ya no disfrutarán de su compañía, su esencia queda impregnada en el corazón de cada uno de ellos, pues están seguros que sobre todo sus últimos meses de vida, Mitzi los vivió como ella quería.
Hoy, el consuelo de su recuerdo afectuoso mitiga, en la medida de lo posible, el dolor de todos los que la amaron por el injusto desenlace que tuvo su vida.
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